sábado, 18 de octubre de 2008

¿Y los humanos, son derechos...?






Después de las recurrentes declaraciones de las “líderes” de madres y abuelas de plaza de Mayo, necesitaría saber: ¿Qué causa “ilustre” han enarbolado y hecho como para expresar ante la prensa semejantes aberraciones diarias? ¿A título de qué méritos hablan y acusan, manejando además, esas gigantescas sumas de dinero otorgadas por el gobierno? (El despilfarro de los cheques sin fondos de Bonafini http://www.perfil.com/contenidos/2008/06/26/noticia_0017.html ) ¿Y qué clase de “derechos humanos” son los que ellas tanto pontifican?
Una de estas señoras, lo suficientemente grande ya como para tener consciencia de todo su accionar, entre otras cosas; ha tenido palabras gratificantes ante el atentado de las Torres Gemelas; tomado la Catedral, improvisando un baño tras el altar; pedido a gritos “que desalojen a los ruralistas con palos y gases”, tratándolos también de “golpistas”; despotricado sobre todo aquel que piense distinto; acusado de traidores a los radicales, con insultos de muy baja calaña hacia el vicepresidente; y ahora, como broche de oro, ha propuesto tomar los medios del Estado (canal 7 y radio Nacional), siguiendo aquella misma línea que llevo a que ocurriese lo que sucedió con sus propios descendientes. ¿Pero a quiénes le estamos dando lugar para que insulten contra todo? ¿Por qué ningún juez sanciona sus dichos? ¿Y por qué tenemos tanto miedo de decir lo que realmente pensamos sobre ellas?
La frase: “derechos humanos” es sólo un modismo lingüístico que se interpreta como un todo, aunque individualmente, a nada conlleve; una utopía de lo que debería ser, sin que por ello, justamente sea. Y ya que todo mortal tiene derechos y deberes con sólo existir, el problema radicaría entonces, cuando se enarbola una única bandera digitada hacia el mismo flanco de batalla, legitimando así la ausencia del otro. Ergo; los golpes de hecho o de facto, (aunque parezcan opuestos), son realidades totalmente equiparables con los deseos de estas buenas señoras de pañuelos blancos, quienes anhelan las mismas y nefastas atrocidades que tanto han atacado. Derechas e izquierdas, que para convencer nuevas voluntades, alternan y entrelazan sus vínculos privilegiando idénticas sinrazones dictatoriales sobre una patria inexistente. Ana Cecilia del Río.

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